Amosando publicacións coa etiqueta Distracción con los Ojos Azules y Voz de Narrador. Amosar todas as publicacións
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29 de xaneiro de 2021

Discúlpame. Gracias

 

[Imagen: 13 de febrero de 2019, Santiago de Compostela]

Se van a cumplir dos años desde que hice la foto que ilustra esta entrada. Era un día soleado de febrero en Santiago, cosa que pasa con la misma frecuencia que el cometa Halley. Los 15 días de trabajo que me habían llevado hasta la ciudad se iban alargando y yo tenía aún la maleta sin deshacer, convencida de que era algo inminente el cambio de destino.

Al final me quedé allí hasta septiembre.
Como vidente no tengo futuro alguno.

De aquellas aún seguía inmensa en el "ni fú ni fa" emocional que arrastraba desde hacía tanto tiempo. Ahora sé que aquella apatía vital era producida por un tratamiento médico que llevaba años tomando, pero entonces simplemente pensaba que era normal, que me había convertido en una personita triste de esas que pululan por el mundo. 

Aún no había hecho las paces con Santiago de Compostela ni había conocido a A., ni a R., ni a C., y E. era sólo una compañera más de trabajo que pululaba por la sala de profesores de vez en cuando. Mi Distracción con los Ojos Azules y Voz de Narrador© aún no se había ganado derecho a tener un alias.

Todo era normalmente gris y anodino,
como todo por aquel entonces en mi vida.

Recuerdo que hice la foto sin motivo alguno. Los que me conocen saben que tengo cierta fijación con este tipo de "expresiones artísticas urbanas". Puedo no conocer los nombres de los comercios de las  calles por las que transito todos los días, pero conozco todas y cada una de las pintadas que hay en las calles de mi ciudad. 

Yo que sé, obsesiones que tiene una.

La vida siguió, me pasaron cosas (que hermoso epitafio, ¿verdad?). Destrocé un móvil y meses después la tarjeta de memoria, perdiendo un montón de vídeos, mensajes y recuerdos. Apenas pude salvar casi nada. Perdí miles de píxeles de viajes, conciertos, momentos memorables...

... y esta foto es de las pocas que quedaron.

Conocí a Majesty© este verano, de la forma más absurda e inocente, que parece ser la manera en la que siempre me ocurren las cosas que acaban por afectarme tanto. Lo que no era "nada" se convirtió en "algo", luego fue "ALGO" y acabó siendo un terremoto tras el cual aún no he recuperado el equilibrio.

Hoy tuve un día horrible en el trabajo; un día de los de tener que apretar las mandíbulas, aguantar las lágrimas y contener las ganas de mandarlo todo a la mierda. 

Hoy, organizando el caos que tengo en el ordenador para ver si así se me organiza por arte de magia la cabeza, encontré esta foto.

Hoy me he dado cuenta de que hace exactamente un mes desde la última vez que te mandé un copo de nieve como hacía siempre que pensaba en ti.

Hoy me he dado cuenta de que hace exactamentemente un mes desde que saliste a buscarme por las calles.

Hoy volví volví a maldecirte cuando comenzó a sonar Dylan en la radio, porque siempre me hace pensar en ti. 

Hoy hace un mes desde tus últimas palabras.

Discúlpame.
Gracias

El día de hoy estaba condenado a ser un día tristísimo.

Y así fue.

 ***

Majesty©, ya no te mando copos de nieve, pero sigo pensando en ti.

Ojalá venga pronto el verano y me ayude a derretir todo el hielo que tengo dentro.
 

13 de febreiro de 2020

I am a rolling stone (o, en román paladino, culo de mal asiento)

 [A veces recuerdo que tengo un blog...]

Se acerca San Valentín: felicidades a todos los Valentines, Valentinas y bebedores de Ballantine's en general. 
Los escaparates de las tiendas se han llenado ya con globos chuchurríos en forma de corazón, conjuntos de ropa interior con encaje, purpurina, confeti y cosas rojas. Rojo por todas partes, como en la matanza de Texas. A tope de rojo. Viva el rojo. 
Nunca he celebrado esta fecha, porque el-amor-se-desmuestra-todos-los-días-y-no-solo-cuando-quieren-los-centros-comerciales-y-el-amor-no-está-en-este-tipo-de-celebraciones-sino-en-las-pequeñas-cosas, pero que conste que tampoco tengo nada en contra de ella. Allá cada uno con sus sentimientos, sus demostraciones y su pasión por los osos de peluche que abrazan corazones. 
En mi trabajo se ha organizado un concurso de cartas de San Valentín. Los miembros del departamento somos también los miembros del jurado, así que se supone que tenemos que leerlas y escoger una ganadora. Se ha repetido por activa y por pasiva que no se trata solo de escribir cartas siguiendo las convenciones del amor cortés, que cualquiera puede participar con una carta dirigida a un amigo, a un primo, a su dentista de confianza o a su perro.

[En resumen, que nos viene dando bastante igual quién está enamorado de quién, 
que lo único que queremos es que el alumnado escriba de una puta vez un texto más largo
que un mensaje de whatsapp, que luego vienen los exámenes y todo son llantos y crujir de dientes]


Ayer bajé a leerlas.

[Más que nada porque la fecha límite para votar era hoy por la mañana y ya sabéis, 
soy así de organizada]

Madremíadelamorhermoso.

Entre plagios sangrantes de películas, traducciones de poemas de Neruda que harían llorar al propio Google Translator y maquetaciones loquísimas a tope de purpurina, creo que nunca estuve tan cerca de sufrir un stendhalazo.

[Priometo mi voto al partido que proponga regular el uso indiscriminado de purpurina]

De verdad, una locura.

Al cabo de cinco minutos ya estaba tan empachada de tanto (intento de) poema, tanto cliché y tanto "you're my whole life" que hasta cerré los ojos un rato para reponerme de tanta intensidad. Mis compañeras, mientras, suspiraban y soltaban muchos "oy-oy-oy-oy" embelesadas. Yo pensaba en fumar, en lo que me quedaba por corregir para el día siguiente, en que me estaba molestando la bota izquierda en el dedo meñique...

Pensaba en que en ese preciso momento podía estar de vuelta en Santiago, buscando a mi Distracción de Ojos Azules y Voz de Narrador© por las calles. Pensaba en esa mañana que había pasado unos días antes pensando en si aceptar una vacante en casa o una vacante en Santiago, solo por intentar volver a verle. Pensaba en que había hecho bien quedándome en casa porque, a ver, que de viajar por Galicia adelante ya estoy cansada y que mi cuenta corriente no está para muchas tonterías. Pensaba en que por fin parecía haberme entrado algo de sentido común, escogiendo la opción más lógica y más mejor.

Pensaba, pensaba, pensaba…

Aunque no haya vuelto a tener noticias suyas desde aquella triste noche, pensaba en él, como pienso todos los putos días.  

 [Foto de calidad paupérrima que saqué disimuladamente para no tener que darles explicaciones a mis compañeras de porqué le estaba sacando fotos a las postales si supuestamente paso del día de San Valentín, que luego todo se vuelven cometarios del tipo "si es que al final, también a ti te hace ilusión"]

(*) Por si le interesa a alguien, voté como ganadora la carta de un alumno que no debió enterarse bien de la movida y le escribió a su tío para preguntarle si seguía yendo a misa los domingos. Sin “I love you”, ni purpurina, ni chorradas.


9 de outubro de 2019

La vida no tiene CTRL+Z


[Imagen: una de las obras maestras del gran Leandro Barea]

(Nota aclaratoria: prometo que después de esta entrada dejo de escribir en plan "intensito" una temporada)


Hace un mes de tu último whatsapp, y un mes y cinco días de aquella tarde-noche que solo sirvió para confundirme más.
Reconozco que las horas antes de quedar las pasé con el corazón en un puño y un enjambre de avispas velutinas en el estómago. Creo que nunca en mi vida había mirado tantas veces el reloj. Fui incapaz de concentrarme en nada, salvo en que quedaban tres horas para verte. Dos horas y media. Dos horas...
Un día de estos voy a mandarle una caja de algo rico e hipercalórico 
a la pobre compañera que tuvo que trabajar conmigo aquella tarde, 
porque reconozco que en esos momentos era poco matarme.
Recuerdo que pasé frío toda la tarde: fue un día extremadamente ventoso en Santiago a pesar de ser principios de septiembre y, en mi afán por demostrarle al mundo lo absurda que puedo llegar a ser, el vestido de gasa veraniega que me puse no era suficiente para lidiar con aquella ventolera cuasi siberiana.
Mis defensas se portaron y resistieron como jabatas, 
a pesar de que me tenía más que merecida una doble neumonía con tirabuzón 
por absurda e incosciente.
Salí. Te esperé. Avisaste de que llegabas tarde. Te seguí esperando.

Llegaste. 
Estabas guapísimo, de verdad.

Mentiría si dijera que no tenía ningún tipo de espectativa aquella tarde: mi cabeza había tenido muchas semanas de desempleo para divagar, para imaginar irrealidades de esas con las que paso mis días. En el peor de los casos, me dije sin escucharme, por lo menos esa noche quedaría claro si había lugar a algo más o no. Si realmente te interesaba o todo era una invención mía. Si habría un gran "Continuará" o todo acabaría con un fundido a negro como el final de Los Soprano.
A estas alturas esto ya no es un spoiler, ¿no?


Y fueron pasando las horas, y las cervezas, y los vinos. 
Y fueron pasando los temas de conversación. 
Y sacaste el tema de las relaciones amorosas, de lo difícil que es encontrar a alguien con el que ilusionarse. 
Y hablamos de relaciones pasadas, presentes y futuras. 
Y bebimos más cerveza, y más vino, a pesar de que era un jueves y el viernes tenías que entrar a trabajar a las ocho y no habíamos cenado y yo ya arrastraba un poco las erres al hablar. 
Y propusiste ir a tomar una copa.
Y al cogerte la cartera para que no pagaras tú me cogiste la mano y estuvimos así, agarrándonos las manos, como unos cinco minutos mientras la camarera nos miraba con cara de "dejaos de hostias y pagadme de una puta vez" "son doce euros, por favor".
Y me tocaste la espalda y la nuca varias veces.
Y te agarré un par de veces del brazo.
Y mientras hablábamos, nuestras manos no paraban de tocarse.
Y nuestras cabezas cada vez estaban más juntas.


Y, de repente, dijiste de irnos a casa.


Volví a oír el ruído del pub en el que estábamos y a ser consciente de la gente que nos rodeaba, del frío de aquella noche en Santiago y de la acidez que me había provocado la cerveza.

Nos despedimos, en medio de una plaza desierta, con los dos besos en las mejillas más lentos que me han dado en la vida y tu epitafio "cuando vuelvas a Santiago avisa".
Y me fui para casa con la cabeza hecha un lío.

Después de cinco pasos en direcciones opuestas, entendí que no habría un "¡Eh, espera! ¡Qué carallo, tomemos la última!"

Creo que esa noche la gente que paseaba por la calle de San Pedro 
flipó muy fuerte al ver pasar a una gorda semicongelada 
llorando sin explicación. 

Llevo un mes y cinco días dándole vueltas, y sigo sin entenderlo. Y creo que no lo entenderé nunca.

Lo único que sé es que si llego a saber que no volvería a tener contacto contigo, las cosas esa noche hubieran sido de otra manera. Te hubiera besado, no sé muy bien si con la segunda ronda de cervezas o con la primera de vinos, pero te hubiera besado. Y habría salido por fin de dudas. Porque, aún poniéndonos en el peor de los casos (que es algo que me encanta y se me da de cine), la vergüenza que me hubiera podido ocasionar tu rechazo hubiera durado menos que esta sensación que me devora desde entonces.

Recuerdo un audio tuyo de antes de las vacaciones de verano en el que decías (y cito textualmente*) "ao final sempre [...] habemos cadrar seguro, que ao final a xente atópase. Iso é así"

Hace un mes que no sé nada más de ti. Así que parece que no, que no nos vamos a encontrar.


Querida Distracción con los Ojos Azules y Voz de Narrador©, ojalá todo hubiera sido de otra forma.

Hasta siempre.

***

(Pregunta seria: ¿qué tan mala idea sería coger, copiarle el link de esta entrada y mandársela así, sin más explicaciones?)

*Qué idea más mala esta de volver a escuchar tus audios...

19 de setembro de 2019

Vivan los domingos sinceros


[Fotografía: robada de la página del Gaiás]

...en Comala comprendí  
que al lugar donde has sido feliz  
no debieras tratar de volver...
Joaquín Sabina, Peces de Ciudad

Pocas cosas hay más irracionales que odiar un sitio. Las ciudades no son más que alquitrán, hormigón, y alguna que otra zona verde para intentar enmascarar la polución que nos está matando poco a poco. 
Odié Dublín porque llovía, hacía frío, y el hotel en el que nos quedamos fue el peor que he pisado en mi vida.
Amé París porque hacía sol, buen tiempo y estaba con gente a la que adoro. 
Odié Berlín porque perdimos el bus, el metro no llegaba hasta nuestro hotel y el pollo de la cena estaba seco.
Amé Inverness por las risas de la precena, de la postcena y los conciertos improvisados.

No hay nada más subjetivo que el amor o el odio a un sitio. Los sitios son sólo eso, sitios. Lo que de verdad los hace diferentes, y perdón por la obviedad, son sus personas.

Siempre odié Santiago de Compostela. 
Recuerdo que en las excursiones siempre llovía.
Recuerdo resbalar y caerme al suelo en una de esas interminables calles empedradas, rompiendo mi pantalón favorito.
Recuerdo ir a un hospital a ver a un moribundo.
Recuerdo una época en la que todas y cada una de las personas que conocía que era de Santiago eran rematadamente gilipollas muy especiales (en serio, no se salvaba una). 
Recuerdo llorar en el aeropuerto despidiéndome de Una de las Grandes Personas de Mi Vida© (¿qué habrá sido de él, por cierto?)

Santiago, durante mucho tiempo, sólo fue un sitio gris, lleno de mala gente y de malos momentos. Por eso este año cuando tuve que ir a trabajar allí, todo fue llanto y crujir de dientes.
Eran sólo quince días, pensé. Nada que no pudiera soportar.

Pero los quince días fueron un mes, y un mes dos, y así hasta llegar a seis meses.
Y hubo mucha gente bonita.
Y hubo risas.
Y hubo grandes momentos.
Y hubo muchos días maravillosos.

Y, de repente, Santiago no era tan gris.
De la noche a la mañana, había flores en las ventanas, sonrisas en las calles y gente que abre las puertas de su casa a una completa desconocida.Y amigos.Y Distracciones de Ojos Azules y Voz de Narrador© que, aunque todo haya sido nada (y si tal hablo de eso en otro momento), me han devuelto muchas cosas que creía perdidas.
Así que de pronto me vi rezando por volver a un sitio del que quería huír como de la peste.
Ni tan siquiera un desamor, o lo que sea esta tristeza que llevo dentro, pudo empañar mi vuelta a Santiago.

He hecho las paces con una ciudad a la que le he profesado muchos años de odio.
Y en (gran) parte se lo debo a gente como A y a R, compañeras de cañas sin igual, que me devolvieron la fe en una ciudad que consideraba maldita.

No estoy en condiciones de escribir porque llevo demasiada cerveza a bordo y seguramente este post se destruirá cuando se me pase la resaca, pero tenía que decíroslo.

Gracias, A y R, por todo.

27 de xuño de 2019

Distracciones con los ojos azules



Cuando en enero me dieron destino, tuve que escoger el mal menor, por lo que debía mudarme a una ciudad que siempre he odiado (llevo unos cuantos meses con un post pendiente sobre eso... tal vez algún día de estos). De todas formas, eran sólo 15 días, algo fácilmente sorportable. Llegar, trabajar, marcharme... repetir durante dos semanas y listo.
Pero los 15 días se convirtieron en un mes, y luego en otro... y al final llevo aquí desde entonces, intentando ceñirme a mi plan de llegar, trabajar y marcharme.
Pero todo se fue a la mierda el primer día, cuando te vi y me guiñaste un ojo.

No era nada... un tic... algo producto de los nervios... pero se me metió en la cabeza, y se fue haciendo grande, y más grande, y más grande...
...y comprendí (atención a la grandilocuencia) que sigo viva por dentro.

Sé que suena muy absurdo, pero todos estos años de "ni fú ni fá" emocional me habían llevado a plantearme el haber perdido la capacidad de sentir. Llevo mucho tiempo funcionando por inercia, viviendo por vivir. 
Tampoco es plan de ser drástica: me he reído, he llorado... definitivamente quedan sentimientos en mi interior. Pero hacía mucho que no sentía "ese algo", esa tontería incapacitante que se siente cuando se conoce "a esa persona".

Creí que ya se me había pasado la temporada de los enamoramientos; que la vida, llegado cierto momento, conlleva la calma de las pasiones y el establecimiento de la racionalidad. Creí haber perdido para siempre esa capacidad de no ser quien de concentrarme en nada y de no poder pensar en nada más...
...hasta que llegaste tú con tus ojos azules y tu voz de narrador, y la marea de sentimientos volvió, demostrándome que aún queda mucho por sentir.

Llevo una temporada desquiciante: trabajo hasta caer rendida, las malditas oposiciones... no me acuerdo de la última vez que dormí más de cinco horas o comí una comida caliente. Las ojeras me llegan casi a la barbilla y el pelo se me cae a puñados. Y, sin embargo, de vez en cuando, soy genuinamente feliz. Feliz porque te veo a veces en la biblioteca. Porque a veces me cruzo contigo en los pasillos. Porque alguna vez hablamos por whatsapp. Porque en el aire flota esa promesa de unas cañas. Porque ayer nos rozamos las manos al despedirnos. Porque el otro día tomamos un café...

Así que gracias, chico de ojos azules y voz de narrador. Sé que todo quedará en nada y que todo acabará antes de empezar. Sé que nunca tomaremos esas cañas. Sé que no te intereso y que, en el caso de hacerlo, no de la misma manera y/o intensidad con la que tú me interesas a mí. Sé que nunca sabré lo que había detrás de ciertos actos, de ciertas miradas, de ciertas insinuaciones. Pero me da igual. Porque aunque tú me olvides antes de tan siquiera recordarme, me has devuelto algo que creí perdido hace mucho tiempo.

Y creo que me caigo mucho mejor cuando estoy enamorada.
Gracias F. Gracias por todo, aunque todo sea nada.