miércoles 18 de noviembre de 2009

No hay peor ciego...


[Fotografía: nubes colgando]



Se despertó una mañana como otra cualquiera. Era lunes… no, miércoles… creo. Las nubes seguían colgando del cielo, en el mismo sitio en el que las había dejado el día anterior.


Minutos de pereza estirándose en cama.


Sólo necesito una señal para saber si merece la pena seguir o no…


Desayuno. La taza que había comprado aquella tarde que siempre recordaría se estrella contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos.
La bufanda que le había regalado en su último cumpleaños sale desteñida de la lavadora.
Bajando las escaleras de su portal, rompe uno de los tacones de los zapatos que había llevado en su primera cita.
Conduciendo, pasa por delante de aquel hotel en el que tuvieran su primer encuentro a solas… está cerrado por derribo.
La orquídea que le había regalado meses atrás la recibe marchita y seca cuando llega a su oficina.
En su correo hay tres mensajes publicitarios sobre divorcios y uno sobre una red de búsqueda de pareja.
A mediodía descubre que ha perdido su alianza.
No recibe ninguna llamada “suya”, sólo un par de antiguas parejas invitándola a tomar una copa “un día de estos”.
Volviendo a casa ve que han quitado del escaparate de esa tienda de ropa la cazadora que él lleva meses pensando comprar.


Llega a casa: en el contestador no hay mensajes “suyos”.
Descubre al encender el ordenador que se han borrado misteriosamente las fotos de sus últimas vacaciones juntos.


Mira por la ventana, las nubes siguen colgando en el mismo sitio en el que las había dejado esta mañana.


Suspiro.


Se pinta en el espejo, el reloj sigue avanzando. Cinco minutos antes de salir, mensaje “de él”. Se pospone la cita.


Se asoma a la ventana, mirando a las nubes que parecen haberse quedado pegadas en el cielo.


Tal vez mañana recibiría alguna señal…


viernes 13 de noviembre de 2009

NUNCA MÁIS - Prestige [13 - XI - 2002]

Noviembre 2002. Galicia despierta con la tragedia planeando silenciosa, callada. Cobarde.

El sol trae un manto de negrura, de desolación, de tragedia. Marea negra se cierne sobre nuestras costas.

Miles de manos voluntarias, llegadas desde rincones del mundo que no sería capaz de pronunciar, llegan vestidas de blanco para arrancar con las manos la negrura.

Miles de caras sonrientes, sin nada más que una voluntad férrea, llegan para limpiar nuestras costas.

Miles de ángeles aterrizan en Galicia.

Marea de lágrimas contra el chapapote.

Mi más sentido agradecimiento para todos aquellos que se acercaron a Galicia durante meses, invandiéndonos con una marea de voluntarios que resultó ser más fuerte que el fuel.

Mi más sentido agradecimiento para todos aquellos que nos hicieron llegar a los gallegos sus muestras de cariño, su apoyo, aún desde la distancia.

Veo imágenes tantos años después, y recuerdo... lágrimas que siguen cayendo... sensación de derrota... y un sentimiento de gratitud tan grande que no me cabe dentro.

Gracias. De todo corazón. Gracias.

Debajo del petróleo sigue estan la playa.



Madrugada, o porto adormeceu, amor,
[Madrugada, el puerto amaneció, amor]
a lúa abanea sobre as ondas
[la luna se mece sobre las olas]
piso espellos antes de que saia o sol
[piso espejos antes de que salga el sol]
na noite gardei a túa memoria.
[en la noche guardé tu memoria].

Perderei outra vez a vida
[Perderé otra vez la vida]
cando rompa a luz nos cons,
[cuando rompa la luz sobre los acantilados]
perderei o día que aprendín a bicar
[perderé el día que aprendí a besar]
palabras dos teus ollos sobre o mar,
[palabras de tus ojos sobre el mar]
perderei o día que aprendín a bicar
[perderé el día que aprendí a besar]
palabras dos teus ollos sobre o mar.
[palabras de tus ojos sobre el mar]

Veu o loito antes de vir o rumor,
[Vino el luto antes de venir el rumor]
levouno a marea baixo a sombra.
[lo llevó la marea bajo la sombra]
Barcos negros sulcan a mañá sen voz,
[Barcos negros surcan la mañana sin voz]
as redes baleiras, sen gaivotas.
[las redes vacías, sin gaviotas]

E dirán, contarán mentiras
[Y dirán, contarán mentiras]
para ofrecerllas ao Patrón:
[Para ofrecérselas al patrón]
quererán pechar cunhas moedas, quizais,
[querrán cerrar con unas monedas, quizás]
os teus ollos abertos sobre o mar,
[tus ojos abiertos sobre el mar]
quererán pechar cunhas moedas, quizais,
[querrán cerrar con unas monedas, quizás]
os teus ollos abertos sobre o mar.
[tus ojos abiertos sobre el mar]

Madrugada, o porto despertou, amor,
[Madrugada, el puerto despertó, amor]
o reloxo do bar quedou varado
[el reloj del bar quedó parado]
na costeira muda da desolación.
[en la costera vestimenta de la destolación]
Non imos esquecer, nin perdoalo.
[No vamos a olvidar ni perdonarlo]

Volverei, volverei á vida
[Volveré, volveré a la vida]
cando rompa a luz nos cons
[cuando rompa la luz en los acantilados]
porque nós arrancamos todo o orgullo do mar,
[porque nosotros arrancamos todo el orgullo del mar]
non nos afundiremos nunca máis
[no nos hundiremos nunca más]
que na túa memoria xa non hai volta atrás:
[que en tu memoria ya no hay vuelta atrás]
non nos humillaredes NUNCA MÁIS.
[no nos humillaréis NUNCA MÁS]

domingo 1 de noviembre de 2009

01 - XI - 19**


[Fotografías que envejecen conmigo]

[...]

- Puedes aprender.


Ella meneó un poco la cabeza.


- No. Soy demasiado mayor...
- ¿Qué dices? tienes veinte años nada más... a los veinte años se puede hacer cualquier cosa.
- Excepto tener otra edad.


Él asintió, perplejo.


- Sí, pero no sé para qué sirve tener una edad distinta a la que se tiene.


Luisa miró hacia la columna de escayola y se abrazó a la pierna como buscando un apoyo de forma casi instintiva.


- Quiero decir - precisó sin alterarse - que uno se pasa la vida siendo demasiado joven o demasiado viejo para algo.


Él sonrió, como condescendiendo a la ocurrencia.


- Ya sé. Se tenga la edad que se tenga, los años siempre son un estorbo.


Luisa se enfrentó a los ojos eternos de Cósimo Herrera.


- Al contrario. Son la excusa que usamos para no hacer aquellas cosas de las que no somos capaces.


[Marta Rivera de la Cruz, Que veinte años no es nada]

domingo 25 de octubre de 2009

Huída



[Fotografía: quien espera]

Canturreaba una canción mientras caminaba de una habitación a otra: ahora con unos jerséis en las manos, luego con unas toallas, después volviendo a pasar con el neceser hacia el baño… la sonrisa se le escapaba de los labios, sin que se diera cuenta.
Él, hierático, con el ceño fruncido, la observaba en silencio, apoyado contra el quicio de la puerta.
Ella tarareaba una canción que olía a mar y kilómetros recorridos, mientras guardaba la ropa en la maleta. Él la miraba severo, mordiéndose las uñas.

- Creo que ya está todo… - sonrió ella, complacida -. Odio preparar el equipaje, siempre tengo la sensación de que me olvido algo.

Como toda contestación, él cruzó los brazos sobre el pecho y miró hacia otro lado.

Ella, feliz, comprobó por enésima vez que todo quedaba organizado. ¿Había cerrado todas las ventanas? ¿Quedaba alguna luz encendida? ¿Se había acordado de dejarle las llaves a la vecina para que subiera a regarle las plantas?

Su canción seguía sonando entre los tabiques de la casa.

- No sé para qué te vas… No sé qué necesidad tienes de… - disparó él de repente, a bocajarro, con toda la frialdad que tenía disponible.
- ¿Y por qué no habría de irme? No será mucho tiempo y me ayudará para…
- Te ayudará… ¿A qué? ¿Se puede saber para qué necesitas ayuda? ¿De qué crees que servirá todo eso? Te irás, pasarás una temporada fuera, y finalmente volverás y aquí todo será igual.

La voz le temblaba ahora por la ira. Ella, que había dejado de cantar, se sentó en la cama, paciente, tranquila, con una expresión serena que acabó por desquiciarlo.

- Vete, anda, corre. Vete y huye como los cobardes. ¿Piensas que tus problemas no te seguirán allí a donde vayas? Tal vez no lo hagan, pero sabes que volverás, que esto no es más que una huída perecedera, que pronto te tocará volver y todo seguirá igual de podrido que cuando te fuiste… Así no se soluciona nada, no es más que una postergación de lo inevitable…

Tranquilamente, ignorando sus nervios, ella le dio la espalda y volvió a abrir la maleta, para comprobar por última vez que no le faltaba nada.

- Seguramente sea así, ya lo sé. Sé que volveré y que todo seguirá igual de enmarañado, que me seguiré ahogando, buscando el valor que me falta, como tú dices, para enfrentarme a mis conflictos…

Pantalones, calcetines, ropa interior… sí, estaba todo.

- Pero, ¿sabes qué? – De pronto su luz se volvió a iluminar, parecía que volvía a cantar -. No me importa auto engañarme, porque de vez en cuando todos tenemos derecho a hacerlo. No me importa escaparme, aunque sea de cobardes. No me importa esconder la cabeza debajo del ala por una vez en mi vida.

Tomó aire. Le temblaban las manos cuando cerró la cremallera. Todo estaba listo, incluso ella.

- Si escapándome unos días consigo respirar, habrá merecido la pena.

Cuando se dio la vuelta para enfrentarse a él, ya no estaba. Se había marchado y la dejaría en paz por lo menos hasta su vuelta. Y entonces… ya se vería.

Arrastró la maleta y cerró la puerta sin mirar atrás.



A todos los que me habéis acompañado 
en estas semanas de huída sin saberlo:
Gracias y hasta pronto