domingo 1 de noviembre de 2009
01 - XI - 19**
domingo 25 de octubre de 2009
Huída
A todos los que me habéis acompañado
lunes 24 de agosto de 2009
Trabajo de costura
[Fotografía: MF hilvanando retales efímeros]
Primero esa sensación de que algo se rompe
como si tras un movimiento torpe
arrojara sin premeditación
un cuerpo de cristal al suelo,
o como si se rasgara
la tela de una camisa vieja
que cede chirriante,
herida.
Muerta.
Es algo más fútil,
más discreto;
es como un hilo,
un cable que parte tras un golpe seco,
con el ruido sordo, tintineante,
de la caja de costura que cae
derramando alfileres por el suelo,
haciendo rodar dedales
y desperdigando botones huérfanos.
Incapaz de levantarse de nuevo.
Tras caer, al romperse,
han cedido también las ganas
y todo queda impregnado
de sensación de manos vacías
que se apagan en el regazo.
Ahora, sin labores pendientes,
descansan enviudadas
de hilos, de dedales y de costuras
y de ayeres iguales a los mañanas.
Ya no hay tareas pendientes
salvo quedarse ahí, cruzadas,
dejando paso a una estúpida sonrisa
como de vida agotada.
[Para María Antonia, gran poeta, gran amiga
y mejor persona]
jueves 6 de agosto de 2009
De plástico y helio
- Mamá, ¿me das dinero para comprarme un globo?
La madre, complaciente y transigente con los pequeños caprichos de su hija, le dio una moneda para que se comprar uno. Pero para su sorpresa, la niña no hizo sino guardarse la moneda y seguir caminando.
- Cariño, ¿no decías que te querías comprar un globo?
- No hay prisa, ya lo compraré después.
Se marcharon de la feria y la niña no compró el globo, pero no pareció importarle. Pasaron los días, los meses y cada vez que se encontraban a quien los vendiera, ella pedía dinero para comprar uno, sin llegar a hacerlo nunca.
Lo más curioso era que por más que pasaban los años y la niña se iba metamorfoseando en una adolescente, seguía pidiendo dinero para lo mismo. La madre, extrañada, se limitaba a encogerse de hombros, consciente de que ésa sería una de las muchas cosas que nunca llegaría a comprender de su hija, y esperaba el día en el que por fin le confesara qué era lo que realmente hacía con el dinero.
La muchacha siempre contestaba lo mismo:
- Ya lo compraré después...
La niña que luego fue adolescente se convirtió en una mujer. Nunca había comprado un globo y hacía mucho tiempo que ya no iba a las ferias con sus padres.
De repente, un día como otro cualquiera miró el calendario, apuró los restos del frío café del desayuno y chasqueó la lengua.
- Bueno, creo que ya es hora.
Salió de casa en su búsqueda, y no tardó mucho en encontrarlo. Cuando el vendedor ambulante escuchó la petición de aquella mujer, tardó unos minutos en comprenderla.
- Dice... ¿Dice usted que quiere comprar todos mis globos?
Sin añadir palabra, le tendió al hombre (que todavía no entendía muy bien la situación) la suma que llevaba ahorrando todos aquellos años. Cuando por fin los tuvo en las manos, cerró los ojos y...
Una pareja que pasaba por allí cerca la vio elevarse en el cielo, boquiabiertos.
- Lo que me faltaba por ver - dijo ella -. La gente está loca.
- ¿Loca? ¿No te parece bonito? Querer escapar, empezar de nuevo lejos y hacerlo de este modo...
- Anda, calla, calla... hay que estar loca, habiendo aviones y transportes hacer semejante tontería...
Dando por zanjada la conversación, lo agarró del brazo y tiró de él calle arriba. Él seguía mirando de reojo la silueta de la mujer que cada vez se alejaba más y más, haciéndose pequeñita hasta desaparecer.






