domingo, 25 de noviembre de 2018

El dolor de la apnea

El riesgo principal de esta actividad consiste
 en que se produzca un síncope durante el ascenso. 
Éste es un proceso fisiológico complejo 
en el que intervienen los cambios de presión 
y los gases que están en la sangre y en los tejidos corporales; 
en resumen, podemos decir que es debido
 a un déficit de oxígeno en el cerebro.

(Benaiges, M. (2018). El peligro de la apnea.)




"Ama is a silent film. It tells a story everyone can interpret in their own way, based on their own experience. There is no imposition, only suggestions. I wanted to share my biggest pain in this life with this film. For this is not too crude, I covered it with grace. To make it not too heavy, I plunged it into the water. I dedicate this film to all the women of the world."

( Julie Gautier)

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La sensación es la misma que se siente cuando se bucea demasiado tiempo y al intentar salir a la superficie esta está más lejos de lo que pensábamos. Los pulmones empiezan a doler, los oídos zumban y las burbujas de aire escapan de una boca que lucha por no abrirse. 
Duele. 
Al conseguir salir del auga las primeras bocanadas desesperadas de aire duelen. Duele el pecho, la garganta, la cabeza. El aire entra a trompicones: hay tos incontrolada. Cuesta volver a respirar con normalidad. 

Cuesta volver a la normalidad.


Necesito respirar. Me duelen los pulmones, me va a reventar la cabeza.

Necesito aire.

Necesito librarme de lastres.

No va a ser fácil, como no lo son las primeras respiraciones después de bucear demasiado tiempo.
No es fácil decir adiós.

Pero necesito respirar.

No habrá grandes despedidas. No habrá conversaciones.
Porque estoy harta de hablar. Porque estoy harta de fingir que todo va bien, que no pasa nada, que nada me parece mal.
Estoy harta de tener esa sensación de no ser nadie. De sentirme tan sola estando tan rodeada de gente. De pagar cañas con una sonrisa. De preocuparme por todos, por todo. De buscar siempre el sentirme un poco especial, un poco querida. De que nunca haya un "¿qué tal estás?". De fingir que no me doy cuenta de que realmente no importo, que sobro, que solo soy esa tonta útil que paga cañas con una sonrisa.


Hace un par de semanas alguien me confesó que había removido cielo y tierra para regalarme algo que siempre he querido.
Y me rompí un poquito por dentro.
 
Hace una semana me dieron el primer abrazo verdaderamente sincero que nadie me dio en años. 
Y me rompí un poquito más por dentro.


Y estoy harta de ser ese perro apaleado que mendiga y se deshace ante la más mínima muestra de cariño.

Así que tal y como T.S. Elliot escribía: 
"This is the way the world ends / Not with a bang but a whimper.", 
así es como desaparezco, 
no con una discusión, sino con un silencio.


miércoles, 10 de octubre de 2018

Qué bonito es salir a pasear y que ocurran cosas

http://theoatmeal.com/comics/kids

[Imagen: The Oatmeal retratando mi vida]


"En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. 
Si son idiotas en serio, 
o si se toman a pecho la burda comedia 
que representan en todas las horas de sus días y sus noches". 
[Robert Louis Stevenson]

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[Actualización sobre holocaustos sentimentales: en estas dos semanas me he enterado de que otras dos parejas conocidas han cortado. Continuamos para bingo] 
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Estas semanas como desempleada (otro día hablamos de eso si tal) tengo tiempo para hacer un montón de cosas. Al menos hipotéticamente, porque estoy en un momento en el que lo que más me apetece es deambular por casa en pijama y moño y dejarme llevar por la dejadez extrema (a tal extremo que salir a tomar unas cañas me causa la mayor de las perezas... con lo que yo he sido...).
Sin embargo, y con el fin de acallar a esa vocecita puñetera que me repite todo el día que ya está bien de rascarme los perendengues y que más me vale hacer algo productivo, estos días estoy aprovechando que todavía hace sol para dar largos paseos, porque al ritmo que voy mi obesidad acabará siendo mórbida y ya veréis que risa cuando tengan que venir los bomberos con una grúa a sacarme de casa. Así que hoy, aprovechando que tenía que ir a hacer unos recados, he cogido el camino más largo y he ido dado un paseo por una carballeira.
Imaginaos lo bubólico de la estampa. Lugo, 9.15 de la mañana. La niebla ha dejado paso a un sol que aún no calienta pero anima. Los árboles se sacuden las últimas gotas de rocío y disfruto de mi paseo en soledad (porque ya me direis quién está tan zumbado como para ponerse a andar por el medio de un bosquecillo a esas horas un día laborable con la rasca que hace). Las hojas crujen lastimeras bajo mis pies. No hay ni ruido de coches por la zona. Creo que hasta cierro los ojos para disfrutar más intensamente del momento...
... y de pronto aparece una figura empujando un carrito de bebé (que ya son ganas de hacer el esfuerzo de empujarlo por la tierra teniendo un sendero asfaltado a escasos 10 metros). La figura me saluda (la que empuja el carrito, la de dentro del mismo era un bulto informe de mantas). Mi astigmatismo me impide reconocerla hasta que llega a mi lado: se trata de una chica con la que solía jugar en la calle cuando éramos niñas (oh, sí, aquellos tiempos en los que los niños jugábamos libremente como salvajes por las calles sin la supervisión de ningún adulto) y a la que llevo sin ver como mínimo 15 años.
Tras los besos de rigor y las muestras de alegría ohdiosmíocuántotiempoestásigualnohascambiadonada me presenta a su bebé (o eso creo, porque con tal cantidad de mantas, lo único que conseguí atisbar fue una nariz). Más muestras de alegría ohquémonoporfavorenhorabuena. Y se pone a contarme su vida.
Por lo visto esta chica (unos 5 años menor que yo, así que andará por  los 27 o así) ha estado casada ya un par de veces y tiene un par de retoños de diferentes padres. Esa mañana iba a hablar con el abogado porque uno de los padres (creo que el Padre 1) lleva no sé cuánto tiempo sin pasarle la pensión y menudo cabrón. Porque claro, ella no trabaja porque sólo trabajó unos meses de camarera y ahora con las niñas pues no puede, y sus padres la ayudan pero tampoco le pueden dar mucho y claro, es todo un follón. Y aunque ahora está con otro chico (podemos llamarle Aspirante a Padre 3) que es camionero, esta temporada está sin trabajar porque en un control de alcoholemia dió positivo y le quitaron el carnet. Que a ver, que borracho no iba, que sólo se había tomado un par de cañas, pero es que la Guardia Civil siempre aparece cuando más molesta y que ya podían dedicar su tiempo a meter en la cárcel a todos los chorizos que nos roban. 
Y entonces vino la pregunta:
- ¿Y tú qué tal?
La conté un poco mi vida por encima (sin entrar en más detalles, que tampoco es plan ni me apetecía lo más mínimo) y vino la siguiente pregunta.
- ¿Y estás casada?
Le contesté que no, que de hecho esta temporada no tengo ni pareja. 
Siguiente pregunta:
- ¿Y niños?
Le dije que no, ahorrándome puntualizar que tener niños es algo que me apetece tanto como depilarme las ingles con un soplete y que mucho se tienen que torcer las cosas en mi cabeza como para llegar a planteármelo ni tan siquiera remotamente.

Nunca 
nadie 
me 
había 
mirado 
con 
tanta 
cara 
de 
lástima.

Y, para colmo, lo siguiente que salió de sus labios fue: 

- Bueno mujer, pues a ver si tienes algo de suerte en la vida y las cosas se te arreglan, que es muy trsite llegar a cierta edad y no haber hecho nada. 

Nos despedimos y cada una siguió su camino. 

A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a dar un paseo en mi vida.
Bomberos, id preparando la grúa,