miércoles, 25 de enero de 2017

Un momento

Highlands

Bebían café. 
Hubo muchas tardes de café.

Hablaban de cosas.

Pasaban el tiempo en compañía. 
(En ese tipo de compañía que se da entre dos personas entre las que no existen los silencios incómodos).

Y, de repente, un pensamiento fugaz.
Que duró solo un instante.
Lo suficientemente largo para que ella detuviera su taza de café a medio camino entre la mesa y sus labios.
Lo suficientemente corto para disimularlo volviendo a dejar la taza en su sitio y cogiendo un cigarro.

Pero existió.
Y, aunque la tarde siguió entre cafés, conversaciones y silencios, ese pensamiento se instaló para siempre en su cabeza.

Empañando lo que, hasta entonces, había sido perfecto.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Elia (y Pepe)


Hace una semana, un martes trece más concretamente, enterramos a Elia.
Para que entendáis quién fue, simplemente decir que fue una mujer por la que mereció la pena levantarse a las 4 de la mañana, hacer más de 400 kilómetros para despedirla y volver, todo en el mismo día.
Elia fue maestra. Elia fue la mujer de un maestro, Pepe.
Elia fue la mujer más leída que he conocido nunca.
Elia fue una mujer cariñosa, una mujer buena.

Una mujer buena.

Una mujer a la altura de su marido, quien también fue una persona buena.

Elia (y Pepe) fue de esas personas que pasan por la vida sin hacer mucho ruído, pero haciendo mucho bien.
Que vivieron queriendo y siendo queridos.
Que vivieron con dignidad, con principios, y con un corazón enorme.


Hace tiempo que ya no llegaban fotos con el reverso escrito con esa maravillosa caligrafía de maestros de antaño.
Hace tiempo que Elia ya no podía leer.

Elia, la que nos mandaba preciosas fotos, ya no está.
Pepe, el que vivió por y para querer, ya no está.

Hace una semana, un martes trece más concretamente, enterramos a Elia junto a su marido Pepe.

No fueron David Bowie. No fueron Leonard Cohen. Fueron sólo dos personas hermosas, de esas que hacen discretamente del mundo un lugar un poquito mejor.
Y, antes de que vuelvan sus fotografías al confinamiento de la caja que las guarda, quería hacerles un pequeño homenaje.
Porque cuando muere una buena persona, debería saberse.

Deica sempre, mestre.
Deica sempre, mestra.
Que a terra vos sexa leve.