lunes, 19 de diciembre de 2016

Elia (y Pepe)


Hace una semana, un martes trece más concretamente, enterramos a Elia.
Para que entendáis quién fue, simplemente decir que fue una mujer por la que mereció la pena levantarse a las 4 de la mañana, hacer más de 400 kilómetros para despedirla y volver, todo en el mismo día.
Elia fue maestra. Elia fue la mujer de un maestro, Pepe.
Elia fue la mujer más leída que he conocido nunca.
Elia fue una mujer cariñosa, una mujer buena.

Una mujer buena.

Una mujer a la altura de su marido, quien también fue una persona buena.

Elia (y Pepe) fue de esas personas que pasan por la vida sin hacer mucho ruído, pero haciendo mucho bien.
Que vivieron queriendo y siendo queridos.
Que vivieron con dignidad, con principios, y con un corazón enorme.


Hace tiempo que ya no llegaban fotos con el reverso escrito con esa maravillosa caligrafía de maestros de antaño.
Hace tiempo que Elia ya no podía leer.

Elia, la que nos mandaba preciosas fotos, ya no está.
Pepe, el que vivió por y para querer, ya no está.

Hace una semana, un martes trece más concretamente, enterramos a Elia junto a su marido Pepe.

No fueron David Bowie. No fueron Leonard Cohen. Fueron sólo dos personas hermosas, de esas que hacen discretamente del mundo un lugar un poquito mejor.
Y, antes de que vuelvan sus fotografías al confinamiento de la caja que las guarda, quería hacerles un pequeño homenaje.
Porque cuando muere una buena persona, debería saberse.

Deica sempre, mestre.
Deica sempre, mestra.
Que a terra vos sexa leve.




3 comentarios:

Torcuato dijo...

Sentido homenaje que transmite tu amor por dos personas.
Un abrazo

Raúl dijo...

La pérdida de las personas amadas hacen que nos vayamos desvaneciendo.

Chousa da Alcandra dijo...

Enténdote moi ben. E dígoche o que me din (e ademais é certo): esas persoas forman agora parte de nós, pasamos a ser un pouquiño eles.

Sit tibi terra levis