[Fotografía: Ellen Kooi]Desde que era pequeña él siempre le había contado las mejores historias del mundo. Durante horas y horas hablaba de princesas de cristal encerradas en torres de marfil tan altas que no se veía su fin, de aguerridos príncipes que siempre cabalgaban caballos blancos, de dragones horrendos que aterrorizaban reinos muy lejanos, de magos y brujas capaces de cualquier encantamiento.
Las tardes de su niñez sabían a aquellas historias que él siempre le contaba, llenando horas muertas de los días culgares. Durante muchos años vio desfilar ante ella una comitiva de seres fantástivos que adornaron la mediocridad de lo cotidiano, saliendo de aquellos labios que nunca se cansaban de contale lo difícil que era cazar un unicornio, la cantidad de príncipes que había por el mundo transformados en sapos, el peligro de las manzanas envenenadas, la extrema bondad de las hadas.
Fue creciendo entre aquellas historias, y a medida que los años pasaron, cada vez veía más difícil seguir creyendo aquellas historias. Durante un tiempo lo intentó, siguió confiando en las hadas madrinas y en los centauros, en las ninfas que habitaban los bosques, en los hombres lobo. Él, aparentemente, no notaba la vacilación de la niña que no era tan niña, y seguía contándole aquellos cuentos inverosímiles.
La niña que no era tan niña dejó de creer, y aquel mundo fantástico que había sido su refugio tanto tiempo se desvaneció. A fuerza de costumbre, seguía acudiendo a su cita, seguía oyéndole contar aquellos cuentos con la misma devoción que antes. Quería seguir creyendo.
Pero no podía.
La voluntad no lo es todo, y querer no siempre es poder. Llegó un día en el que se cansó de tantas mentiras que no por bellas dejaban de ser embustes. Se cansó de oír los monólogos, de aquellas palabras tan bonitas pero tan poco reales.
Se cansó de que no fuera verdad aquello que él seguía repitiendo.
Así que un día rompió aquella rutina que había durado tantos años y ya no volvió.
Él se encogió de hombros con desinterés al notar que la niña ya no tan niña se había marchado para siempre.
Le daba igual.
Llevaba tantos años de experiencia que sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que otra niña se acercara a él en busca de sus historias.
Y, en el fondo, ¿qué importaba quién fuera el público, mientras hubiera quien le creyera?
Las tardes de su niñez sabían a aquellas historias que él siempre le contaba, llenando horas muertas de los días culgares. Durante muchos años vio desfilar ante ella una comitiva de seres fantástivos que adornaron la mediocridad de lo cotidiano, saliendo de aquellos labios que nunca se cansaban de contale lo difícil que era cazar un unicornio, la cantidad de príncipes que había por el mundo transformados en sapos, el peligro de las manzanas envenenadas, la extrema bondad de las hadas.
Fue creciendo entre aquellas historias, y a medida que los años pasaron, cada vez veía más difícil seguir creyendo aquellas historias. Durante un tiempo lo intentó, siguió confiando en las hadas madrinas y en los centauros, en las ninfas que habitaban los bosques, en los hombres lobo. Él, aparentemente, no notaba la vacilación de la niña que no era tan niña, y seguía contándole aquellos cuentos inverosímiles.
La niña que no era tan niña dejó de creer, y aquel mundo fantástico que había sido su refugio tanto tiempo se desvaneció. A fuerza de costumbre, seguía acudiendo a su cita, seguía oyéndole contar aquellos cuentos con la misma devoción que antes. Quería seguir creyendo.
Pero no podía.
La voluntad no lo es todo, y querer no siempre es poder. Llegó un día en el que se cansó de tantas mentiras que no por bellas dejaban de ser embustes. Se cansó de oír los monólogos, de aquellas palabras tan bonitas pero tan poco reales.
Se cansó de que no fuera verdad aquello que él seguía repitiendo.
Así que un día rompió aquella rutina que había durado tantos años y ya no volvió.
Él se encogió de hombros con desinterés al notar que la niña ya no tan niña se había marchado para siempre.
Le daba igual.
Llevaba tantos años de experiencia que sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que otra niña se acercara a él en busca de sus historias.
Y, en el fondo, ¿qué importaba quién fuera el público, mientras hubiera quien le creyera?
[Queridos amigos, me voy. Puede que el viaje sea largo, puede que no.
Os dejo las agujas enhebradas, un montón de retales diminutos y una colección de dedales.
Porque sin vosotros estos Retales de la Nada serían simplemente eso... Nada.
Grazas a todos por todo]
Os dejo las agujas enhebradas, un montón de retales diminutos y una colección de dedales.
Porque sin vosotros estos Retales de la Nada serían simplemente eso... Nada.
Grazas a todos por todo]





13 que agora xa o saben:
Esto es lo que Stephen King llama "el peso de la incredulidad". Cuando se es niño, no pesa más que una pluma, pero el paso de los años hace más difícil alzarlo.
Así que te vas... Tal como lo pones, no parece un simple viaje de vacaciones.
Un abrazo.
Muy buen relato de despedida, pero no nos dejes por mucho tiempo, tus escritos nos regalan momentos de lectura inolvidables.
Felices vacaciones, lleva el portátil contigo y no nos olvides.
Un beso grande.
historias, historias*
felices vacaciones!
hasta pronto cielo, gracias por dejarnos tantas palabras enhebradas...
bss
suerte en tu viaje. te echaremos de menos. y si pasas por Guatemala, bienvenida.
un abrazo enorme.
estos meses de verano son días de viajes, cambios de costumbres, rutinas y hábitos… que vaya bien el viaje, aquí esperaremos y creeremos tus historias…
Mis mejores deseos.
Añoraré tu lugar cuando llegue el invierno y busque donde cobijarme del frío y la humedad.
Un beso desde el Mediterráneo.
tejiendo tu regreso...
resistencia y fuerza en los ocrdeles Amiga del Alma.
besos volados...
Se puede saber poque nos dejas en plena época estival, anda haz un esfuerzo y que te acompañe el portátil.
La narración me recuerda aun tío mio que cada vez que venía de navegar, nos contaba un sin fin de historias.
NO NOS DEJES,PORFA.
Un beso.
Querida Xanela:
Deseo que en tu viaje, largo o corto, seas feliz y que algún día vuelvas para contarnos como te fue.
Besos te vayas a donde te vayas.
(Nos dejas un hermoso regalo, esta colección de cuentos con los que, unos más y otros menos, nos hemos sentidos niños otra vez)
Querida Xanela:
Ojalá que vuelvas pronto o que algún día vuelvas.
Estés donde estés, vayas a donde vayas, trazaré un pensamiento para ti entre la nada de mis retales.
Muchos besos.
A veces nos creemos las mismas historias que inventamos para otros. Vivimos de ellas y desarrollamos nuestros sueños para escapar de una vida tal vez anodina y aburrida. Principes valientes, princesas, ogros...Si es verdad que la otra verdad, menos cargada de purpurina y de grandes trompetas está ahí fuera y enfrentarse a ella no es más fácil ni requiere de menos valentía que enfrentarse a un ogro, a un dragón o a un elfo ciego...
Se te echa de menos.
Saudade¡¡
Que el viaje te sea propicio.
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