La tarde no pasaba. El tiempo se había estancado en un instante impreciso del atardecer, cuando no es día ni noche, sino un momento de tránsito, de cambio.
La muerte de un día y el nacimiento de la noche.
La joven camarera bostezaba aburrida detrás de la barra, deseando acabar aquel turno y disfrutar de la noche con las ansias típicas de la juventud incipiente. Acodado en el vacío mostrador, con la mirada fija en algún punto indefinido, el único cliente bebía a fuerza de pequeños tragos una copa de vino.
- Parece que se ha quedado buena noche, ¿verdad? – Comentó en voz alta la joven, sospechando que hablaba sola.
El hombre, sin cambiar su gesto melancólico, miró hacia los rayos del sol que se despedían temblorosos de la ciudad.
- Depende de para quién – afirmó, dejando escapar con las palabras un silbido de aire que parecía venir desde lo más hondo de sus pulmones.
- Si, bueno, claro – la joven se había quedado completamente descolocada ante aquella contestación tan atípica. Si bien no había esperado entablar una conversación memorable, si que pretendía mantener un diálogo mediocre con el fin de pasar el tiempo, aunque fuera acerca de un tema tan trivial como el tiempo.
- Hace ya mucho – prosiguió el hombre con desgana, como si estuviera obligado a dar una explicación innecesaria de puro obvia – que no me importa si llueve o hace sol. Puede venir un tornado, la siguiente glaciación o los cuatro jinetes del Apocalipsis bailando una muiñeira, que a mí lo mismo me da.
Dio un pequeño sorbo a su copa y prosiguió, sin atender a la joven y a su desconcierto.
- Cuando era joven también a mí me gustaban el sol y el buen tiempo, ir a la playa, a pasear… Pero quedan ya muy lejos esos días en los que aún tenía sueños y expectativas.
“Pobre hombre”, pensó la joven, sintiendo una lástima espontánea y repentina hacia aquel casi anciano que en el ocaso de su vida hablaba ya con el tono marchito del que ha visto desfilar ante sí demasiadas hojas del calendario.
- Ahora ya los he perdido – tras otro sorbo, el hombre prosiguió su monólogo -, y me he dado cuenta de que ha sido, sin lugar a duda, la mayor tontería que he hecho en toda mi vida. Renunciar a los sueños, por muy imposibles que parezcan, nunca es una buena opción. Si pudiera volver atrás en el tiempo, ahora que he vivido y he comprobado que muchas veces lo más improbable, lo que más imposible parece acaba convirtiéndose en real si se le deja un poco de tiempo…
“Qué lástima”… ahora la joven veía ante sí a un derrotado por la mala fortuna de la vida, a alguien que siempre había tenido la suerte de espaldas y que se había tenido que acostumbrar a perder una y otra vez.
- Ahora que ya peino canas, muchas de ellas prematuras… ojala pudiera volver atrás, y no cometer las mismas estupideces. No volver a ser tan cobarde como para no luchar por lo que quería… La familia, el trabajo, las imposiciones… todo una mierda como la copa de un pino. Para acabar como yo, solo y borracho en un bar, para eso es para lo que sirve toda esta moralidad podrida que se nos impone desde que nacemos hasta que nos vamos al hoyo… tanto cinismo y tanto remilgo moral que sólo nos lleva a ser unos infelices y unos frustrados… Siempre hacer lo correcto, lo que mandan, lo que ordenan por encima de lo que realmente queremos… ojala pudiera volver a empezar, y no renunciar a lo que tenía y me hacía feliz… ojala volviera a nacer y dejara de pensar en lo que toca, en lo que hay que hacer en cada momento, y me limitara a ser feliz por encima de todo … ojala… siempre esa puta palabra tatuada en los labios, a la espera de un futuro irreal que nunca llega, al que siempre recurrimos los que somos tan cobardes como para no echarle un par de pelotas y agarrar al toro por los cuernos… y sigo con el ojala aún ahora… después de tantos años y aún no tengo el valor…
“Qué pena…” murmuró la joven entre dientes, mientras se disponía a empezar a barrer, a punto ya de terminar su turno.
Otro borracho más que no decía más que incoherencias a causa de las copas de más.
Cuando, tambaleante al levantarse del taburete en el que llevaba apoltronado toda la tarde el hombre vació el exiguo contenido de su monedero sobre el metal de la barra, hasta el destello opaco de las monedas sobadas por miles de manos ajenas le recordó el brillo, menos opaco y más desolador, de unos ojos de mujer a la que había renunciado mucho tiempo atrás.
Porque no era lo correcto.
Aunque era lo que hubiera querido.





21 que agora xa o saben:
tome su foto y la meti dentro de mi copa, su imagen se fue disolviendo, poquito a poco todo su recuerdo me lo fui bebiendo*
besosdulces*
incoherencias tan líquidas como verdades
... el alcohol resume muy bien los tiempos pasados, esos sueños hundidos en el fondo del vaso
un beso
Vivimos ou deixámonos levar pola vida?
la vida nos exige ser el reo que espera que el pelotón de fusilamiento obedezca a la palabra ¡fuego!...un beso de azpeitia
hacer lo que el corazón ordene, debería ser el único mandato de la conciencia.
A menos que te guste repartir las culpas de tus desgracias en otros.
Salud.
Hermosamente triste, ¿y frecuente?
Un beso
Gracias por recordarme lo que debo hacer... precioso relato amiga.
Cheguei aquí nunha tarde de domingo que non acaba de pasar (nin presa que teño; total...desemboca nun luns!). Per quixen determe e deixar un saúdo dende unha Chousa mollada hoxe.
parece ser que los años nos convierten en insomnes incapaces de soñar..
Venía a ver qué había al otro lado de la ventana y me encuentro una borrachera. Vaya vaya
Besos de Princesa
Los bares están llenos de personajes con historias similares. Solo hay que recorrerlos a última hora y ver como seres que parecían invisibles, afloran a contar su mal de amores.
Salu2
Es mala costumbre ahogar las penas en alcohol,pues se te acumulan aun mas los problemas.
Nunca es tarde para decidir ser feliz aunque sea los ultimos dias de tu vida, incluso en la vejez,jamas hay que darse por vencido.
El alcohol por desgracia, no resuelve nuestros problemas, ni nos da la felicidad, es una cobardia ahogarse en él.
Por desgracia hay mucha gente que piensa como el señor de tu relato, incluso jovenes, y no sabes que lejos estan de la felicidad,
Un beso.
Lamentablemente ese "Ojala" que llevamos tatuado en los labios, o en la mente. Nos persigue como una jauría de perros mudos toda nuestra vida...¡Qué pocos son los que se contentan con su vida!...¡Cuantos son los que lloran lo que pudo ser y simplemente no es...y amargados, atados viven de ello y para ello!...
¿Cuantos de ellos tienen derecho a hacerlo?.
Mira hoy estoy en pose "barra", un vodka en la mano, escribiendo...reflexiono con tu texto...A veces creo que ya me estoy haciendo muy viejo.
Bicos e uhna aperta. O do outro lado (do Estado niste caso...).
tremendo!
Querida Xanela:
¡Que relato tan sobrecogedor y que bien hilvanada la historia de principio a fin!
... Si escucháramos más a menudo los latidos de nuestro corazón no pasarían estas cosas... Pero la razón hace oídos sordos y nosotros obedecemos ciegamente mirando siempre alrededor, antes de decidir.
Me ha encantado, como todo lo que escribes.
Besos, preciosa.
El alcohol hace florecer lo mejor y peor, las sensaciones más nimias. Cuánta razón tiene éste personaje...
Besoss
Y aquí estoy, bebiendo acompañada de verdades que pueden ser ciertas o no... deseando que un tatuaje de libertad se pose en nuestro corazón para siempre.
Gracias siempre... por tus palabras.
A veces el alcohol hace que las penas y las verdades floten...
Besito
Ultimamente me siento tan vieja y pasada de moda, tan perdida entre lo que quiero y lo que creo lograr, que tal parece que me dedicara a ver el sol todas las mañanas, sin que para mi signifique algo, sin que se mueva mi corazón por un rayo.
Al final, lo que debería importar es lo que uno considera correcto, especialmente cuando se trata de cuestiones personales.
el comentario ya lo dictamos en la piel del Mundo.
besos volados.
Publicar un comentario en la entrada